Las primeras fuentes escritas que se conocen sobre las propiedades del tomillo remontan a los antiguos egipcios quienes lo utilizaban en sus rituales de momificación por sus propiedades antibacterianas.
Los griegos mucho menos escatológicos y más poéticos cuentan una leyenda según la cual el tomillo nació de las lágrimas de Helena de Troya en su contacto con el suelo y que los antiguos griegos lo utilizaban como estimulante para sus guerreros.
El caso es que numerosos pueblos antiguos conocían ya las virtudes y usos de esta fantástica planta; una de las hiervas aromáticas de montaña más importantes tanto por sus propiedades como por su sabor.
El tomillo tiene un sin fin de propiedades digestivas, antiespasmódicas, anticatarrales, antimicrobacterianas, antisepticas, carminativas, expectorantes, cicatrizantes y seguramente todavía me deje alguna en el tintero.
A nivel culinario combina maravillosamente con pescados y verduras aunque en nuestro recetario tradicional también es muy utilizado para adobar (macerar) el pollo y el cordero.
Personalmente lo he usado a menudo durante periodos catarrales y bronquitis porque alivia la inflamación de garganta (tanto en forma de enjuagues como en infusión) y ayuda a expectorar. También resulta muy eficaz en caso de aftas bucales e inflamaciones de encías.
Si deseáis haceros enjuages debéis hervir unos 50 gramos de tomillo en cazo mediano durante diez minutos y dejar reposar tapado durante tres. Es importante no tragarse el agua, parece evidente pero yo lo digo por si se le ocurre a alguien tragarse sus propias bacterias…
Su uso interno en forma de cápsulas es muy amplio y eficaz, pero es necesario que os dejéis asesorar for un farmacéutico o herborista profesional .
Salud!
Misbamia





